Jaque Hidalgo and Martín García: Cualidades, estados y estados resultantes: Su distribución en derivados con base adjetiva compartida1



INTRODUCCIÓN

Los adjetivos pueden dar lugar a una nominalización (‘oscuro > oscuridad’) o a un verbo que, a su vez, es la base de una nominalización (‘oscuro > oscurecer > oscurecimiento’). En estos casos, nos encontramos con dos nominalizaciones que comparten una base adjetiva y que representan distintos tipos de categorías semánticas: cualidad (1a), estado (1b), estado resultante (1c) y evento (1d).

(1) a. La calle tenía una intensa oscuridad.

b. Con el apagón, la oscuridad de la calle duró varios minutos.

c. Después de varios tintes, el oscurecimiento del pelo era claramente visible.

d. El rápido oscurecimiento del escenario sorprendió a sus fans.

En otros casos, solo existe una de las dos nominalizaciones, como el adjetivo ‘enfermo’, que da lugar a la nominalización ‘enfermedad’ pero no a una nominalización deverbal a partir del verbo ‘enfermar’; o el adjetivo ‘judicial’, sin nominalización deadjetival pero con una nominalización deverbal procedente del verbo derivado ‘judicializar’ (‘judicialización’). La única nominalización puede expresar un solo valor semántico -así en ‘enfermedad’, que solo indica estado- o más de una categoría semántica -‘judicialización’ expresa un evento y una cualidad (‘Hay más judicialización en la vida política que en otros ámbitos’).

En este trabajo estudiamos la relación entre las categorías semánticas y las categorías gramaticales obtenidas a partir de los procesos derivativos. De forma específica, nos interesa dar cuenta, por un lado, de las restricciones en la formación de nominalizaciones deadjetivales y deverbales con base adjetiva compartida y, por otro, de la interacción entre las categorías semánticas de cualidad, de estado, de estado resultante y de evento y los procesos morfológicos. Partimos de una concepción composicional de la formación de palabras, en la medida en que defendemos que los valores semánticos de las nominalizaciones son predecibles a partir de las características aspectuales del adjetivo base y de la naturaleza del proceso derivativo implicado. Asimismo, asumimos un modelo sintactista de la formación de palabras, en el que las entradas de vocabulario corresponden a la materialización de núcleos funcionales ensamblados en la sintaxis (Marantz, 1997; Alexiadou, 2001; Embick & Noyer, 2007; Pantcheva, 2011; Fábregas, 2016).

Como intentamos mostrar, los adjetivos de nivel de individuo (PI) dan lugar a nominalizaciones de cualidad (‘capaz > capacidad’) y a verbos cuya nominalización solo denota eventos (‘capaz > capacitar > capacitación’). Los adjetivos de nivel de estadio (PE), por su parte, son la base de nominalizaciones de estado (‘sordo > sordera’) y de verbos de cambio de estado (‘sordo > ensordecer’), cuya nominalización (‘ensordecimiento’) presenta una lectura de evento y de estado resultante. Este comportamiento se da en los adjetivos con lectura excluyente, es decir, adjetivos que solo presentan una única lectura como PI o como PE (‘capaz’, ‘desnudo’, respectivamente), y en los adjetivos con lectura alternante, que funcionan como PI o como PE (‘oscuro’, ‘sordo’). Dado que las nominalizaciones contienen la información aspectual del adjetivo más el contenido que aporta el proceso verbalizador, los distintos valores aspectuales de las nominalizaciones deadjetivales y deverbales que comparten una base adjetiva impiden que haya solapamientos entre las nominalizaciones en la expresión de la cualidad, el estado, el estado resultante y el evento.

Hemos dividido el trabajo en tres apartados. En el primero, delimitamos las categorías semánticas de cualidad, estado y evento. En el segundo, abordamos la diferencia entre cualidades y estados para mostrar la relevancia del aspecto de la base adjetiva a la hora de fijar el valor semántico de la nominalización. En el tercer apartado, consideramos la diferencia entre estados y estados resultantes para poner de relieve la correlación existente entre el contenido aspectual y la categoría gramatical de una formación, lo que probará que no existen solapamientos aspectuales claros entre los distintos derivados que comparten una base adjetiva, sino una distribución de los valores aspectuales de tales nominalizaciones, como se pone de manifiesto en la conclusión que cierra el artículo.

1. Delimitación de las categorías semánticas de cualidad, estado y evento

Como se ha señalado en varios trabajos (Villalba, 2008; Roy, 2010; Alexiadou & Martin, 2012; Martin, 2013; Fábregas, 2016), las cualidades corresponden a objetos semánticos que carecen de estructura temporal y que pueden graduarse. Tales características pueden apreciarse en distintos contextos sintácticos. En primer lugar, en su calidad de elementos graduables, pueden ser sujeto de predicados como ‘aumentar’, ‘disminuir’ o ‘incrementar’ (2a) y llevar modificadores como ‘gran’, ‘escaso’, ‘abundante’ o ‘intenso’ (2b):

(2) a. Aumentó la anchura de la calle.

b. La norma aprobada tiene escasa legalidad.

En segundo lugar, las cualidades pueden aparecer en contextos de nombres incontables, como ‘tener más N’, ‘tener mucha N’ o ‘haber mucha N’:

(3) a. El gobierno tiene más debilidad que el año pasado.

b. Hay mucha pobreza en este país.

En tercer lugar, como entidades que carecen de estructura temporal, las cualidades pueden combinarse con predicados estativos y de logro que denotan la existencia de una propiedad, como ‘atesorar’, ‘mostrar’ o ‘presentar’:

(4) a. Juan mostró mucha capacidad en la resolución del problema.

b. La catedral atesora una gran belleza en sus retablos.

A diferencia de las cualidades, los estados tienen una estructura temporal (Roy, 2010; Martin, 2013), en cuanto que expresan situaciones que se mantienen a lo largo del tiempo sin cambiar; por ello, los estados admiten predicados y modificadores aspectuales que inciden en su mantenimiento. Concretamente, pueden ser sujetos de predicados que indiquen la continuidad temporal de una situación, como ‘durar’, ‘continuar’2 (Martin, 2013) (5a), y pueden combinarse con modificadores aspectuales iterativos como ‘recurrente’, ‘repetido’ o ‘frecuente’ (5b) y durativos como ‘prolongado’, ‘constante’ o ‘duradero’ (5c):

(5) a. El ensanchamiento de la calle duró hasta que ampliaron la vía peatonal.

b. El {recurrente / repetido / frecuente} enrojecimiento de los ojos ha provocado lesiones en la córnea.

c. La prolongada pobreza del país causó la quiebra del sector productivo.

De modo crucial, al ser entidades con una estructura temporal, aceptan modificadores temporales internos al sintagma nominal, como vemos en (6):

(6) a. La enfermedad de Juan de estos dos últimos años preocupa a los médicos.

b. La oscuridad de la calle de estas dos últimas noches causó varios accidentes.

Las nominalizaciones deadjetivales pueden denotar cualidades y estados, por lo cual algunas de ellas van a ser ambiguas entre estos dos valores:

(7) a. Hay más debilidad en mis músculos que el año pasado.

b. La sordera de Juan aumenta cada año más.

c. La debilidad prolongada de los músculos puede causar calambres.

d. La sordera de Juan durará dos semanas más.

Por último, los eventos son entidades aspectuales ligadas a un tiempo y a un espacio, por lo cual son perceptibles y pueden ser recuperados por anáforas del tipo ‘Esto sucedió / ocurrió’ (Maienborn, 2005), posibilidad descartada para cualidades y estados. En los ejemplos siguientes, ‘esto’ solo puede hacer referencia a las nominalizaciones eventivas ‘legalización’ (8a) y ‘radicalización’ (8b):

(8) a. Fuimos testigos de la {legalización / *legalidad} del divorcio en España. Esto ocurrió en 1981.

b. Presenciamos la {radicalización / *radicalidad} del grupo. Esto sucedió durante la disolución del parlamento.

Por otra parte, las nominalizaciones eventivas pueden indicar eventos dinámicos y, por tanto, admiten modificadores que inciden en el desarrollo del evento como ‘rápido’, ‘gradual’, ‘súbito’:

(9) a. La rápida {legalización / *legalidad} de la marihuana en Argentina

b. El gradual {debilitamiento / *debilidad} de los servicios públicos

En la siguiente tabla recogemos los diagnósticos utilizados para caracterizar las tres categorías semánticas que tratamos.

Tabla 1

Diagnósticos para identificar categorías semánticas.

Cualidad Estado Evento
aumentar, disminuir, incrementar
gran, escaso, abundante
tener más N, haber mucha N
atesorar, mostrar, presentar
durar, continuar, empezar
prolongado, duradero, constante
recurrente, repetido, frecuente
durante X tiempo
esto sucedió / ocurrió
rápido, gradual, súbito

Una consecuencia inmediata que surge a partir de los datos de la Tabla 1 es que los eventos deberán ser entidades estructuralmente más complejas que los estados, ya que presentan propiedades de los estados junto con las propiedades de los eventos. Del mismo modo, un estado será estructuralmente más complejo que una cualidad, porque tiene propiedades de las cualidades además de las propiedades exclusivas como estado. En los apartados siguientes, trataremos la estructura de estas tres categorías semánticas.

Asimismo, como muestran los ejemplos tratados, las cualidades son expresadas mediante nominalizaciones deadjetivales (‘anchura’) y los eventos, mediante nominalizaciones deverbales (‘radicalización’); los estados, por su parte, pueden ser expresados tanto por nominalizaciones deadjetivales (‘enfermedad’) como por nominalizaciones deverbales (‘enrojecimiento’). Así, una nominalización deadjetival puede indicar tanto una cualidad como un estado (‘debilidad’, ‘sordera’, ‘oscuridad’). Ante esta situación, surgen dos preguntas: 1) ¿qué determina el valor semántico de una nominalización deadjetival?; 2) ¿qué diferencias hay entre un estado expresado por una nominalización deadjetival y un estado significado por una nominalización deverbal? En los siguientes apartados trataremos de dar una respuesta a los dos interrogantes.

2. Cualidades versus estados

2.1. Predicados de Individuo y Predicados de Estadio

Se han distinguido, desde el trabajo de Carlson (1977), los Predicados de Individuo (PI) (Individual-Level) de los Predicados de Estadio (PE) (Stage-Level). Los primeros denotan propiedades inherentes al individuo del que se predican; los segundos, por el contrario, expresan propiedades evaluadas en un espacio de tiempo y que pueden estar ligadas a un hecho anterior. Por ejemplo, una oración como ‘Juan es ingenuo’ refiere a una propiedad que caracteriza a Juan de forma atemporal y que se mantiene en el tiempo; en cambio, en la oración ‘Juan está descalzo’ la propiedad no es inherente a Juan, sino que solo puede evaluarse en el intervalo en que Juan se encuentra en esta situación. En español, esta distinción ha sido asociada generalmente a los dos tipos de cópula ‘ser’ y ‘estar’: los PI se construyen con ‘ser’ y los PE, con ‘estar’. No obstante, se ha señalado también que la cópula como diagnóstico para diferenciar los dos tipos de predicados adjetivos plantea algunos problemas, por lo que se han propuesto distintos contextos gramaticales que muestran la delimitación aspectual de los PE frente a la permanencia de los PI (Fernández Leborans, 1999; Marín, 2010).

A partir de la relación entre cópulas y tipo de predicado, se han distinguido tres tipos de adjetivos (Fernández Leborans, 1999): adjetivos de PI (‘brillante’, ‘capaz’, ‘dejado’, ‘judicial’, ‘legal’, ‘moderado’, ‘político’, ‘radical’, ‘teatral’), adjetivos de PE (‘desnudo’, ‘enfermo’) y adjetivos con lectura alternante como PI o PE (‘alto’, ‘ancho’, ‘bello’, ‘ciego’, ‘claro’, ‘débil’, ‘delgado’, ‘escaso’, ‘estrecho’, ‘húmedo’, ‘limpio’, ‘loco’, ‘oscuro’, ‘pobre’, ‘rojo’, ‘sordo’, ‘sucio’, ‘triste’).

Los adjetivos PI denotan propiedades que caracterizan al sujeto de forma atemporal, por lo cual no pueden aparecer en contextos con delimitación del tiempo:

(10) a. *Cada vez que Juan es {capaz / radical}, comienza a dar gritos.

b. *Juan trabajó {capaz /radical} durante una hora.

Los adjetivos PI quedan excluidos, asimismo, de las construcciones absolutas (11a) y de las estructuras predicativas (11b):

(11) a. *Una vez {capaz / radical}, Juan comenzó su discurso.

b. *Juan entró en la oficina {capaz / radical}.

Respecto a los adjetivos PE, solo tenemos dos casos en que el adjetivo es la base compartida de un verbo y una nominalización deadjetival (‘desnudo’, ‘enfermo’). A diferencia de los adjetivos PI, los adjetivos PE exigen una delimitación temporal (12a) y pueden aparecer como predicativos (12b) y en construcciones absolutas (12c):

(12) a. Cada vez que Juan está enfermo, se queda en casa.

b. Juan entró en la oficina desnudo.

c. Una vez desnudo, se metió en el agua.

El tercer grupo de adjetivos que se constituyen como base para una nominalización corresponde a los que presentan una lectura alternante como PI o PE. Estos adjetivos admiten la doble cópula:

(13) a. Juan es sordo desde su nacimiento. / Juan está sordo desde que tiene catarro.

b. Este niño es muy débil. /Este niño está débil desde hace dos días.

En su interpretación como PI, tales adjetivos denotan propiedades caracterizadoras del sujeto del que se predican, las cuales se mantienen en el tiempo. Por el contrario, y según indicábamos más arriba, los adjetivos PE expresan propiedades delimitadas en el tiempo, que no caracterizan al sujeto del que se predican, sino que indican el estado en el que el sujeto se encuentra en ese momento como resultado o no de un hecho anterior. Como adjetivos PE, suelen admitir los contextos característicos de estos predicados:

(14) a. Cada vez que Juan está sordo, tiene que tomarse antibióticos.

b. Juan permanece débil desde hace varios días.

A partir de los tres tipos de adjetivos señalados, analizaremos en el apartado siguiente las características de las nominalizaciones a que dan lugar.

2.2. Nominalizaciones de PI y nominalizaciones de PE

En distintos trabajos (por ejemplo, RAE & ASALE, 2009; Roy, 2010; Fábregas, 2016), se ha señalado que solo los adjetivos calificativos dan lugar a nominalizaciones deadjetivales. Así, adjetivos relacionales como ‘textil’ o ‘matemático’ y adjetivos adverbiales como ‘supuesto’ o ‘mero’ no se constituyen como base para crear una nominalización. No obstante, algunos adjetivos relacionales o adverbiales pueden desarrollar una nominalización a partir de la lectura calificativa del adjetivo: ‘la teatralidad de su conducta’, ‘la anterioridad del acuerdo’. Para dar cuenta de esta restricción, en los trabajos de Roy (2010) y Fábregas (2016) se propone un núcleo funcional -Predicado (Pred)- que selecciona una Sintagma Adjetivo (SAdj) (15a), descartándose que el sufijo nominalizador deadjetival se una directamente a un complemento SAdj (15b). Dicho de otro modo, estos sufijos nominalizadores requieren una base adjetiva que sea predicado:

(15) a. [SN N [Spred Pred [SA] ] ]

b. *[SN N [SA] ]

Frente a los adjetivos con SPred, los adjetivos relacionales y adverbiales, que carecerían de este núcleo funcional, poseen una distribución sintáctica distinta, como muestra la imposibilidad de que aparezcan en construcciones predicativas: ‘El problema es {fácil / *supuesto / #matemático}’; ‘Juan considera el problema {fácil / *supuesto / *matemático}’. Adoptando un análisis de cláusula reducida para las construcciones predicativas (Baker, 2003), puede asumirse que en los ejemplos anteriores la frase ‘el problema’ se ensambla como especificador de SPred, recibiendo caso estructural acusativo desde el verbo finito (v.g. ‘lo considera fácil’) o bien caso nominativo por ascenso hacia el especificador de ST (Sintagma Tiempo) en el caso de una oración copulativa. Esta posición estructural (especificador de SPred), si el análisis de (15) está bien encaminado, no estaría disponible en adjetivos no predicativos, como relacionales o adverbiales, volviendo agramaticales dichas secuencias. Ahora bien, algunos adjetivos relaciones pueden hacerse predicativos y desarrollar interpretaciones calificativas (‘un comportamiento muy teatral’ vs. *’una butaca muy teatral’). En estos casos, el adjetivo contendría SPred y la nominalización, siguiendo (15a), sería posible: ‘Hay mucha teatralidad en su comportamiento’.

Dentro de las nominalizaciones deadjetivales, se distinguen al menos dos tipos: por un lado, las que indican un modo de ser de una entidad y, por otro, las que expresan una condición en la que se encuentra un objeto (Roy, 2010; Martin, 2013). Las nominalizaciones que estudiamos expresan estos dos tipos de categorías semánticas generales, cualidad y estado, dependiendo de la información aspectual de la base adjetiva.

Los adjetivos con lectura PI excluyente dan lugar a nominalizaciones deadjetivales que expresan la cualidad, así en adjetivos que indican propiedades (‘capaz’, ‘brillante’) (16a) y en adjetivos relacionales con interpretación calificativa (‘teatral’, ‘radical’, ‘legal’) (16b):

(16) a. Juan tiene una gran capacidad.

b. Hay más teatralidad en sus hechos que en sus palabras.

Las nominalizaciones anteriores no tienen una interpretación de estado, como muestra la agramaticalidad de los siguientes ejemplos, en los que se añade un modificador temporal interno al SN encabezado por la nominalización:

(17) a. *La gran capacidad de Juan durante una hora hizo que ganara el campeonato de ajedrez.

b. *La teatralidad de sus gestos de anoche acabó enfadando a los asistentes.3

Las nominalizaciones construidas sobre un adjetivo PI presentan el tipo de configuración más básica, al incluir un SPred como complemento del núcleo nominal (Roy, 2010; Fábregas, 2016), como la estructura que hemos comentado en (15a) y que repetimos en (18). Este tipo de configuración contiene la representación más simple de un adjetivo predicativo, la cual va a definir una nominalización de cualidad, carente de estructura temporal y aspectual, pero con la posibilidad de graduarse.

(18) [SN N [Spred Pred [SA] ] ]

Los adjetivos con lectura PE excluyente no son buenos candidatos para formar nominalizaciones. Muy pocos dan lugar a una nominalización deadjetival (‘desnudo > desnudez’; ‘enfermo > enfermedad’), algunas de las cuales han desaparecido o están en desuso (‘vaciedad’, ‘descalcez’, ‘llenez’). En muchos casos, tampoco tenemos las nominalizaciones procedentes del verbo asociado (‘enfermar’, ‘sanar’, ‘descalzar’) y las que existen son formas de participio (‘vaciado’, ‘llenado’). Las pocas nominalizaciones procedentes de adjetivos PE con lectura excluyente representan estados, como muestra la aceptabilidad de las siguientes oraciones en contextos propios de los estados y su rechazo en los contextos característicos de las cualidades:

(19) a. La enfermedad de Juan se prolongó durante varias semanas. / *Hay mucha enfermedad en la vida de Juan.

b. La {reiterada / prolongada} desnudez de los bañistas irritó a la policía. / *Juan tiene más desnudez que su hermano.

Si los adjetivos PE excluyentes tuvieran una estructura semejante a la de los adjetivos PI o alternantes, no sería posible dar cuenta de la dificultad de formar nominalizaciones a partir de adjetivos PE, salvo que se proponga que el núcleo Pred albergue esta información aspectual (adjetivos marcados como [+PE]), la cual sería idiosincrásicamente incompatible con la proyección nominal. Una explicación semejante sería altamente insatisfactoria, pues no se daría cuenta, justamente, de por qué dicho rasgo habría de ser incompatible con el nominalizador. Una explicación más plausible se centra en la naturaleza verbal de los adjetivos PE con lectura excluyente y en su configuración estructural. Concretamente, Bosque (1990) considera que adjetivos como ‘vacío’, ‘enfermo’ o ‘descalzo’ proceden del participio del verbo, de ahí que conserven el argumento eventivo y el aspecto perfectivo. Según este autor, si la línea derivativa fuera la formación del verbo a partir del adjetivo, no sería posible dar cuenta del valor aspectual que encierran estos adjetivos. Si asumimos la idea de Bosque (1990), la imposibilidad de formar nominalizaciones puede explicarse como una limitación de los sufijos nominalizadores: dado que estos adjetivos proceden de un participio, los sufijos nominalizadores no tienen alcance sobre una estructura verbal tan compleja.4 Adviértase que ni los participios ni los gerundios, en cuanto categorías flexivas, se constituyen como base de procesos derivativos. Una explicación semejante da cuenta de que prácticamente no existan nominalizaciones deadjetivales y deverbales a partir de los adjetivos PE. De hecho, ante la falta de una nominalización deverbal, puede tomarse la forma de participio para denotar el evento (‘El rápido vaciado de la piscina ayer por la tarde’) o la del adjetivo PE para indicar el estado (‘Continúan los escándalos y se prolonga el vacío de la política’).

El tercer tipo de adjetivos incluye adjetivos con lectura alternante que pueden dar lugar a nominalizaciones que expresan cualidades y estados. En su condición de PI, estos adjetivos se constituyen como base de nominalizaciones deadjetivales con valor de cualidad (20a); como adjetivos PE, la nominalización correspondiente puede significar un estado (20b):

(20) a. Este niño tiene mucha debilidad.

b. La debilidad del niño desde hace dos días preocupa a los médicos.

En algunos trabajos (Brucart, 2010; Fábregas, 2012; Gallego & Uriagereka, 2016), se argumenta que la estructura de la cópula ‘ser’ es más básica que la estructura de ‘estar’. Si aplicamos esta distinción entre ‘ser’ y ‘estar’ a los adjetivos con lectura alternante, los adjetivos PE presentan una estructura más compleja que la de los adjetivos PI (Fábregas, 2016), en cuanto que el adjetivo PE incluye la estructura del adjetivo PI más algún nudo adicional interno (sea un Sintagma Estado, un Sintagma Aspectual o un Sintagma Relacional de coincidencia terminal). A diferencia de los adjetivos PE con lectura excluyente, que exhiben una estructura deverbal procedente del participio (Bosque, 1990), los adjetivos PE con lectura alternante contienen la información aspectual internamente, por lo que es accesible a los sufijos nominalizadores. Concretamente, los adjetivos PE con lectura alternante incluyen un nudo SPred, como los adjetivos PI, más un nudo funcional como Sintagma Estado (SEst):5

(21) [SEst Est [Spred Pred [SA] ] ]

La predicción de una estructura como la de (21) es que los adjetivos PE pueden originar una nominalización de estado y otra de cualidad, pero un adjetivo PI con lectura excluyente, como los adjetivos del primer tipo que hemos comentado, solo podrá dar lugar a una nominalización de cualidad, pues carecen del nudo SEstado. A partir de la estructura de (21), por aplicación del ‘Principio de Superconjunto’ (Starke 2009; Pantcheva 2011; Fábregas, 2016), puede tomarse toda la estructura o solo una parte de ella.

De forma específica, el Principio del Superconjunto se formula en el marco de la nanosintaxis para establecer ciertas restricciones en la lexicalización de estructura sintáctica, asumiendo un modelo de inserción tardía (esto es, postsintáctica, Embick & Noyer, 2007). De acuerdo con este principio, una pieza de vocabulario puede lexicalizar aquella estructura que coincida con sus rasgos sintácticos, y cualquier estructura que corresponda a un subconjunto de tales rasgos (es decir, de los que la pieza léxica forma un ‘superconjunto’). Así, un adjetivo con lectura alternante PI y PE contiene los rasgos [+Est, +Pred] y podrá lexicalizar la estructura de (21) para dar lugar a un adjetivo PE, pero también la estructura [Spred Pred [SA] ] para originar un adjetivo PI, dado que el rasgo [Pred] es un subconjunto de [+Est, +Pred]. Este patrón de inserción interactúa con Minimícese la Subinserción, que dicta que tendrán preferencia las entradas que mejor se ajusten al conjunto de rasgos ensamblados en la sintaxis. De este modo, un adjetivo PI con lectura excluyente contiene solo el rasgo [+Pred], por lo que tiene preferencia sobre un adjetivo con lectura alternante PI y PE para lexicalizar la estructura [Spred Pred [SA] ], aun cuando el adjetivo con lectura alternante sea insertable por el Principio del Superconjunto. Según tendremos ocasión de observar más adelante, algo similar sucede con los verbos deadjetivales que toman SPred (‘capaz’ > ‘capacitar’); su nominalización puede tener valor de evento (‘capacitación’) pero no de cualidad, toda vez que, por Minimícese la Subinserción, tendrá prioridad para lexicalizar este contenido la nominalización deadjetival (‘capacidad’), que no implica ignorar los nodos verbales que dominan SPred.

En suma, un adjetivo con lectura alternante PI y PE puede tomar toda la estructura de (21), y tendremos un adjetivo PE; o solo SPred, y se obtendrá un adjetivo PI. La materialización de una u otra estructura da lugar a una nominalización de cualidad (22a) o de estado (22b):

(22) a. [SN N [Spred Pred [SA] ] ]

b. [SN N [SEst Est [Spred Pred [SA] ] ] ]

No obstante, el grupo de los adjetivos alternantes no presenta un comportamiento homogéneo. Algunos adjetivos cambian su significado y su distribución, como ocurre con el adjetivo ‘triste’, el cual admite como argumento un experimentante o una causa (23a) en su condición de PI, pero como predicado PE solo puede llevar un experimentante (23b). Como es de esperar, esta selección se manifiesta también en las nominalizaciones correspondientes, como vemos en (23):

(23) a. {La historia / Juan} es muy triste > Hay mucha tristeza en {la historia / Juan}

b. {*La historia / Juan} está triste > La tristeza de {*la historia / Juan} duró varios días.

En otros adjetivos alternantes, no hay un cambio de significado léxico y la distribución es semejante, sea en un entorno de PI o de PE, según observamos en los ejemplos de (24) con el adjetivo ‘delgado’. Véase que en estos casos también es posible una nominalización que exprese la cualidad (24a) o el estado (24b):

(24) a. Juan es más delgado que su hermano > La delgadez de Juan es mayor que la de su hermano.

b. Juan ha estado delgado durante todo el verano > la delgadez de Juan durante todo el verano

Los adjetivos alternantes de estos dos tipos tienen una configuración como la de (21), lo que permite obtener las nominalizaciones de cualidad y estado, como en (22). Sin embargo, los adjetivos del tipo de ‘triste’ son léxicamente adjetivos PE y PI. Esta doble naturaleza puede suponer cambios en la información enciclopédica y en la selección de los argumentos. Por tanto, estos adjetivos tienen dos nudos disponibles (SEstado y SPred) para los sufijos nominalizadores y pueden dar lugar a una nominalización de estado y de cualidad, como hemos visto en (23). Los adjetivos del tipo de ‘delgado’, por el contrario, son adjetivos PI que han aumentado su estructura de SPred con la adjunción del sintagma funcional SEstado. Que esta doble naturaleza del adjetivo no esté definida a nivel interno, como en el caso de ‘triste’, tiene al menos dos consecuencias. En primer lugar, estos adjetivos pueden construirse con ‘estar’, pero rechazan otros contextos propios de los adjetivos PE (ver apartado 3.1), según muestran los ejemplos de (25), a diferencia de los adjetivos alternantes del tipo de ‘triste’, que pueden aparecer sin problema en estos mismos contextos (26):

(25) a. *El niño salió delgado al patio del colegio, después de comer mal varios días.

b. *Juan se quedó alto cuando tomó las vitaminas.

(26) a. El niño salió sordo al patio del colegio, después de escuchar música muy alta.

b. Juan se quedó triste cuando oyó la noticia.

En segundo lugar, si el nudo SEstado es externo al propio adjetivo, habrá variación a la hora de nominalizar la estructura, dado que este proceso dependerá del grado de incorporación de SEstado en el propio adjetivo. Así, habrá adjetivos PI que amplíen su estructura y comiencen a funcionar como PE en contextos menos marcados -como el verbo copulativo ‘estar’- y otros adjetivos pueden acabar incorporando SEstado dentro del propio adjetivo. En el primer caso, el nudo SEstado no es accesible al sufijo nominalizador y la nominalización de estado no es posible, como ocurre con el adjetivo ‘alto’: ‘*la prolongada altura de Juan durante dos meses’. En el segundo caso, la nominalización de estado será posible, aunque con cierta variación, como en el ejemplo de (24b), el cual no es gramatical para algunos hablantes.

Algunos autores, como Leonetti (1994) o Marín (2010), han señalado que adjetivos alternantes como ‘delgado’ o ‘alto’ no son PE y que la posibilidad de que puedan aparecer con ‘estar’ se debe más a razones pragmáticas que a razones léxicas. Concretamente, la construcción con ‘estar’ expresa la relación entre el estado que caracteriza la entidad y el estado en que realmente se encuentra. De hecho, cualquier adjetivo PI es susceptible de aparecer con ‘estar’ en un contexto sintáctico apropiado: ‘Hoy estás muy {inteligente / español / egoísta…}’. Esto significa que la interpretación como PE no está codificada en el adjetivo mismo, sino que está forzada por el contexto sintáctico, es decir, es externa al propio adjetivo, como hemos señalado. En consecuencia, los adjetivos alternantes del tipo de ‘delgado’ o ‘alto’ son en realidad adjetivos PI con una estructura aumentada con el nudo SEstado; los adjetivos alternantes del tipo de ‘triste’, ‘oscuro’ o ‘sordo’ resuelven su alternancia en las capas internas del adjetivo.

La diferencia entre los dos tipos de adjetivos alternantes aporta una evidencia más a la propuesta que hemos planteado: la configuración del adjetivo determina que la nominalización exprese una cualidad o un estado. Los adjetivos alternantes del tipo de ‘triste’ presentan una alternancia léxica como PI y como PE, por lo que pueden dar lugar a una nominalización de cualidad procedente de la interpretación del adjetivo como PI y a una nominalización de estado a partir de la lectura de PE. Por el contrario, los adjetivos alternantes del tipo de ‘delgado’ son léxicamente adjetivos PI que pueden funcionar como adjetivos PE al aumentar su estructura con SEstado. La nominalización correspondiente se construye a partir de la estructura como adjetivo PI y expresa la cualidad. La nominalización de estado será posible según el grado de incorporación de SEstado al propio adjetivo.

En resumen, los adjetivos PI dan lugar a nominalizaciones de cualidad y los adjetivos PE, a estados. Ambas categorías se expresan con nominalizaciones deadjetivales tanto en adjetivos con lectura excluyente como en adjetivos con lectura alternante. Las nominalizaciones deadjetivales que expresan estados confluyen con las nominalizaciones procedentes de verbos con base adjetiva que también denotan estados (‘oscuridad / oscurecimiento’), por lo que cabe preguntare si existe una diferencia entre un estado expresado en una nominalización deadjetival y un estado representado en una nominalización deverbal. En el siguiente apartado indagaremos sobre esta cuestión.

3. La base adjetiva en entornos verbales y deverbales

El presente apartado presenta cómo opera la interrelación entre las categorías semánticas de cualidad, estado y estado resultante y los procesos derivativos asociados al dominio verbal. Veremos que la base adjetiva que determina las lecturas de cualidad y estado sigue activa en este entorno categorial, aunque los núcleos sintácticos que se añaden en la derivación verbal (y su nominalización) aportan y restringen valores no inmediatamente deducibles de esta base. Trataremos primero la contribución de la base adjetiva (apartado 1.) y luego examinaremos con mayor detalle las categorías semánticas específicas que emergen en este contexto (sección 4.2.).

3.1. La contribución de la base adjetiva y su interacción con la derivación verbal

En el apartado 3 defendimos la hipótesis de que los valores semánticos de cualidad y estado de una nominalización deadjetival dependen del valor PI o PE, respectivamente, de la base adjetiva. En este apartado mostraremos algunos ejemplos que ilustran que esta correlación encuentra un análogo en la disponibilidad de lecturas de estado resultante en el dominio verbal. Así, algunos verbos de cambio incluyen además la denotación de un estado resultante, cuya vigencia, independiente de la extensión del proceso previo, puede ser medida por modificadores adverbiales durativos (v.g. ‘Juan desapareció {en un instante / durante dos años}’), a diferencia de verbos que, aun denotando cambio, carecen de un estado resultante y rechazan, por tanto, modificadores durativos orientados al resultado (v.g. ‘Juan rompió la ventana {en dos minutos / *durante dos semanas}’).

En el caso de derivados deadjetivales, la disponibilidad de una lectura de estado resultante depende de que el adjetivo de base sea PE, o incluya una lectura PE, y no una lectura PI excluyente. Considérense los siguientes casos:

(27) a. #El tutor capacitó a los trabajadores durante varias semanas.

b. #Enaltecieron a Juan por varios meses.

(28) a. Mi amigo se entristeció por varias semanas.

b. El chispazo encegueció a los espectadores durante varios minutos.

Las bases de los verbos de (27) corresponden a adjetivos con una lectura PI excluyente: ‘capaz’, ‘alto’ (aunque puedan admitir lecturas PE en contextos sintácticos específicos, como se mencionó en la sección 3.2.); en cambio, los de (28) corresponden a adjetivos que admiten una lectura PE léxicamente disponible (‘triste’, ‘ciego’). Nótese que solo el segundo grupo admite con naturalidad, o con la lectura aquí requerida, modificadores adverbiales durativos orientados a un estado que se concibe como el resultado (y es por tanto autónomo) del proceso que lo ha generado. Así, los ejemplos de (27) solo son gramaticales si se mide la extensión de los eventos respectivos de ‘capacitar’ o ‘enaltecer’. Desde la argumentación seguida en apartados anteriores, esto es esperable, toda vez que los adjetivos PI no expresan estados propiamente tales, sino cualidades. En otras palabras, la capa verbal añadida en la derivación permite computar semánticamente un estado resultante sobre la base de un estado (adjetivo PE) ya disponible, pero no crear un estado a partir de un adjetivo PI.

Ahora bien, aquellos verbos que disponen de un estado resultante en su representación léxico-sintáctica interna, dispondrán igualmente de él en la nominalización (Fábregas & Marín, 2012; Jaque & Martín García, 2012). Así, si formamos un verbo a partir de un adjetivo PE, esperaremos que la nominalización deverbal pueda denotar igualmente un estado, como comprueban los datos de (29a-c), y a diferencia de (29d), caso en el que ‘prolongado’ solo se aplica, como en (27), a la extensión del evento:

(29) a. El prolongado entristecimiento de Juan duró varias semanas.

b. El prolongado ensordecimiento de Juan.

c. El duradero empobrecimiento de ese país.

d. #El prolongado {enaltecimiento/capacitación} de los líderes políticos.

En síntesis, vemos que la correlación establecida en la sección 3., entre adjetivos PI/PE y lecturas de cualidad y estado, respectivamente, encuentra una expresión clara en el domino verbal, y sus nominalizaciones asociadas, bajo la forma de la disponibilidad de una lectura de estado resultante. No obstante, a partir de la hipótesis de que el grupo de formas derivadas consideradas ofrece valores semánticos composicionales y que, por tanto, a cada patrón derivativo le corresponde la denotación de un tipo semántico específico, surge la pregunta de cómo se distinguen los valores semánticos del estado de una nominalización deadjetival PE, frente al estado resultante de una nominalización deverbal, que, como hemos mostrado en este trabajo, pueden compartir la misma base (‘oscuro / oscurecer > oscuridad / oscurecimiento’). En el subapartado siguiente abordaremos esta cuestión.

3.2. Estados resultantes versus estados no resultantes

En esta sección estudiaremos el contraste entre dos categorías semántica y estructuralmente próximas: estado y estado resultante. Defenderemos que existe una correlación entre, por un lado, nominalización deadjetival y estado y, por otro, nominalización deverbal y estado resultante:

(30) a. [Sn [SEst [SPred [SA]]]] ( estado

b. [Sn [SV [SEst [SPred [SA]]]]] ( estado resultante

Hemos visto, así, que muchas nominalizaciones deadjetivales ofrecen, si el adjetivo del que se derivan es de tipo PE, un valor de estado, además del de cualidad normalmente disponible (asociado al valor PI): por ejemplo, ‘pobreza’, ‘locura’, ‘sordera’, ‘oscuridad’, ‘ceguera’. Las nominalizaciones deverbales que comparten base con ellas pueden dar un valor de estado resultante. Así sucede con ‘empobrecimiento’, ‘ensordecimiento’, ‘oscurecimiento’, ‘enceguecimiento’, entre otras. Suponiendo que, en general, no existe un solapamiento semántico exacto entre ambos derivados, podemos preguntarnos cuál es el estatus estructural de esta distinción conceptual.

Desde el punto de vista semántico, observemos que, tratándose de nominalizaciones deverbales, es decir, que expresan estados resultantes, la idea de proceso previo no es cancelable (31b). En cambio, las nominalizaciones deadjetivales que admiten lectura de estado pueden predicarse de un individuo sin implicar un proceso previo (31a):

(31) a. La {sordera / ceguera / locura} de Juan es de nacimiento.

b. *El {ensordecimiento / enceguecimiento / enloquecimiento} de Juan es de nacimiento.

Cabe añadir que no existe ningún impedimento para conceptualizar un estado simple (‘oscuridad’, ‘ceguera’, ‘sordera’) como resultado de un proceso (v.g. ‘La oscuridad de la habitación fue el resultado de que Juan corriera la cortina’); el punto es que dicho carácter resultativo no se deriva de la estructura interna del adjetivo, sino que debe ser obtenido composicionalmente a través de un contexto sintáctico adicional. En el caso de ‘oscurecimiento’, ‘ensordecimiento’, y en general de los estados resultantes, dicha lectura es obligada, es decir, no podemos elidir la idea de proceso previo sin conducir a un conflicto semántico (v.g. ‘{*el oscurecimiento / la oscuridad} del espacio interestelar ha estado allí desde siempre’).

En términos configuracionales, asumiremos que un estado resultante se obtiene de la combinación de una proyección predicativa no dinámica (SEstado, que domina a su vez a SPred) con una proyección eventiva que la toma como complemento. Esta proyección, que introduce en la computación sintáctica un argumento eventivo, será SProceso, siguiendo a Ramchand (2008), y en especial las matizaciones al modelo realizadas en Fábregas & Marín (2013) y Jaque (2014). Bajo el modelo verbal asumido, entonces, la noción de estado resultante es ‘topológica’, esto es, una proyección estativa tendrá lectura de resultado si se ensambla en la posición de complemento de una proyección eventiva (a la que, eventualmente, puede añadirse la capa SInicio, en cuyo especificador se ensamblará un argumento externo; Ramchand, 2008; Jaque, 2014; Fábregas, 2016):

(32) a. [SProc<e> [SEstado [SPred]]] ( ‘estado resultante’

b. [SEstado [SPred]] ( ‘estado’

Partiendo de esta arquitectura, un modo natural de obtener lecturas de estado a partir de verbos eventivos correspondería a la aplicación del ‘Principio del Superconjunto’ (Starke, 2009; Pantcheva, 2011, ver apartado 3.2.), es decir, permitir que la entrada que lexicaliza (32a) lexicalice también un subconjunto propio de los rasgos sintácticos almacenados en la entrada, en este caso, (32b). De este modo, la nominalización respectiva, entendida como una proyección nominal que toma como complemento una estructura verbal, podría dar una lectura bien de evento bien de estado, dependiendo de la estructura proyectada efectivamente en la sintaxis:

(33) a. [N [SProc [SEstado … ]]] ( nombre de evento

-ción desapar(i)-

b. [N [SEstado … ]] ( nombre de estado

-ción desapar(i)-

El problema con este análisis consiste en que, si Proc no se proyecta en la sintaxis, de forma que podemos ignorar el rasgo [+Proc] de la entrada léxica, entonces la asociación con el evento previo habría de ser puramente conceptual, en cuyo caso se esperaría que la inferencia de proceso previo de casos como ‘ensordecimiento’ fuese cancelable, contra lo que (31b) muestra. En otras palabras, la noción de proceso previo no puede explicarse como una asociación conceptual legitimada por la entrada léxica, sino que depende de un nodo activo en la sintaxis. Por otra parte, el mismo funcionamiento del Principio del Superconjunto impediría esta alternativa, al menos para verbos deadjetivales, ya que, por Minimícese la Subinserción, la estructura [SEstado [SPred]] será lexicalizada preferentemente por la nominalización deadjetival (v.g. ‘oscuridad’), que de modo más exacto materializa los rasgos ensamblados en la sintaxis.

Cabe mencionar que existen, de hecho, nominalizaciones deverbales cuya lectura no eventiva parece prescindir de un nodo Proc, como es el caso de ‘moderación’, ambigua entre una lectura de evento (‘acción de moderarse’) y de cualidad (‘propiedad de ser moderado’) (Pena, 2004). A diferencia de lo que sucede con ‘encegecimiento’ y similares, ‘moderación’ admite la cancelación del proceso previo (v.g. ‘La moderación de Juan es de nacimiento’) y, según argumenta Fábregas (2016), el valor de cualidad de este tipo de nominalizaciones (en las que se incluyen ‘abnegación’, ‘educación’, ‘ofuscación’, entre otras), puede derivarse aplicando el Principio de Superconjunto, es decir, literalmente no proyectando nodos eventivos en la sintaxis e ignorando, por tanto, el rasgo [+Proc] de la entrada léxica. El valor de cualidad se obtendría sustituyendo en el esquema de (33) SEstado por SPred. Esta lectura de cualidad no se vería bloqueada por Minimícese la Subinserción, toda vez que moderar’ no es un verbo deadjetival y, por tanto, la estructura SPred no se verá preferentemente lexicalizada por un adjetivo o su nominalización, como sí sucede en el par ‘oscurecimiento/oscuridad’.

Un análisis alternativo, que es el que seguiremos aquí, consiste en proponer que el valor de estado de estructuras como (32a) no se obtiene mediante una aplicación del Principio del Superconjunto, sino que, de forma más simple, consiste en una puesta de relieve -por ejemplo, mediante modificación- de valores semánticos disponibles en una estructura que permanece inalterada, esto es, que incluye siempre [SProc<e> [SEstado]]:

(34) [N [SProc <e> [SEstado]]] ( ‘nombre de evento/estado resultante’

Un argumento en favor de que los verbos con estado resultante, así como sus nominalizaciones asociadas, mantienen un nodo Proc activo, consiste en la admisibilidad de modificación simultánea de estado y proceso:

(35) a. Juan desapareció en un instante durante dos semanas.

b. La rápida y prolongada desaparición de Juan.

(36) a. La habitación se oscureció en poco tiempo durante horas.

b. El rápido y prolongado oscurecimiento de la habitación.

Estos datos apuntan, así, a que la lectura de estado no alterna con la de evento, excluyéndose con ella, dado que ambas pueden ser modificadas en una misma cláusula. De este modo, obtenemos evidencia para la configuración de (34), en la que un estado es resultante solo si SProc (y con él, el evento) está sintácticamente activo. Nótese que en un caso como ‘moderación’ (al que, según comentamos más arriba, sí es aplicable el análisis basado en el ‘Principio de Superconjunto’) esta modificación simultánea no es admisible seleccionando la lectura de cualidad: considérese ‘#La rápida y prolongada moderación de Juan’.

A continuación, presentaremos otro argumento relacionado con la expresión verbal de los predicados estudiados, que, en conjunto con las evidencias aplicables al dominio nominal, refuerza la hipótesis de que los predicados con estado resultante mantienen activa su variable eventiva. De acuerdo con diversos autores (Gennari, 2002; Soto, 2008; Jaque, 2014), los contextos que ofrecen una lectura epistémica junto a una lectura prospectiva (sea temporal o deóntica), manifiestan ambigüedad exclusivamente con formas estativas, en contraste con el valor que exhiben los eventos, los cuales presentan una lectura prospectiva de modo excluyente. Es el caso del futuro sintético en ‘-ré’ o de la perífrasis deóntico-epistémica ‘deber + infinitivo’. Los estados ‘puros’ admitirán siempre la lectura epistémica (37a):

(37) a. Juan {tendrá / debe tener} un diploma. (epistémica disponible)

b. Juan {obtendrá /debe obtener} un diploma. (solo futuro/deóntica)

Los verbos que, en cambio, poseen un estado resultante, rechazan la lectura epistémica. Esta conducta, esperable en el caso de la lectura eventiva dinámica (‘Juan {desaparecerá / debe desaparecer} en un instante’, con lectura prospectiva excluyente), se reproduce también en el caso de la lectura estativa (‘Juan {desaparecerá / debe desaparecer} durante años’), que se comporta, a este respecto, como un predicado eventivo. Este patrón se reitera con los verbos deadjetivales que nos competen:

(38) a. Juan ensordecerá en unas pocas semanas. (solo futuro)

b. Juan ensordecerá (durante meses). (solo futuro)

(39) a. La habitación debe oscurecer(se) en un instante. (solo deóntica)

b. La habitación debe oscurecer(se) (toda la noche). (solo deóntica)

Aunque esta prueba no es reproducible en el dominio nominal, que carece de proyecciones sintácticas análogas, sí obtenemos evidencia de que las bases verbales de las que se derivan las nominalizaciones que nos interesan (‘oscurecimiento’, ‘ensordecimiento’, etc.) poseen una proyección eventiva sintácticamente activa. Los verbos deadjetivales correspondientes se comportan como predicados de evento incluso si se selecciona la lectura de estado resultante.

Por último, Bosque (1990) distingue entre frases, típicamente preposicionales, que expresan instrumentos y aquellas que expresan lo que él denomina ‘medios’. Los primeros se combinan bien con eventos que incluyen en su red argumental agentes, mientras que los segundos exigen solo un argumento eventivo. De este modo, las construcciones que mantienen un argumento eventivo, pero no la red argumental original del verbo, rechazarán instrumentos, aunque admitirán medios; las construcciones que, en cambio, carezcan de argumento eventivo, rechazarán ambos tipos de modificadores. Consideremos los siguientes ejemplos:

(40) a. La habitación fue oscurecida {con una brocha / con una cortina}

b. La habitación está oscurecida {#con una brocha / con una cortina}

c. La habitación está oscura {*con una brocha / *con una cortina}

La pasiva perifrástica con ‘ser + participio’ (40a) corresponde a una forma verbal eventiva que preserva la red argumental del predicado, de modo que admite modificadores que incidan tanto sobre el agente (‘con una brocha’) como sobre el estado resultante (‘con una cortina’). Los medios pertenecen a esta segunda clase, ya que son responsables de que un cierto estado de cosas se mantenga en el tiempo (si se corre la cortina, entrará la luz y la habitación dejará de estar oscura); en cambio, la participación de los instrumentos se restringe a la subfase inicial del evento, es decir, aquella en la que actúa un agente. En cambio, (40b) nos muestra la construcción resultativa con ‘estar + participio’, que denota el estado resultante obtenido de la forma verbal original. Según venimos argumentando, los estados resultantes genuinos dependen de que la variable eventiva siga activa. Así, ‘está oscurecida’ rechazará ‘con una brocha’ en su lectura instrumental (siendo irrelevante aquí la lectura de medio; es decir, si supusiéramos que una brocha bloquea el paso de la luz), ya que no designa una acción, pero aceptará el medio ‘con una cortina’, ya que conserva su argumento eventivo, aun cuando se restrinja a la denotación de su estado resultante. Finalmente, (40c) denota un estado no resultante, manifestado categorialmente a través del adjetivo ‘oscuro’, al que no cabe atribuir, en consecuencia, argumento eventivo. Según se espera de la distribución de los medios propuesta por Bosque (1990), en este caso será rechazado tanto el instrumento como el medio.

Pasando ahora a las nominalizaciones que nos ocupan, vemos que el patrón ofrecido en (40) se reproduce con las variantes nominales de los predicados respectivos:

(41) a. El rápido oscurecimiento de la habitación {con una brocha / con una cortina}

b. El prolongado oscurecimiento de la habitación {#con una brocha / con una cortina}

c. La oscuridad de la habitación {*con una brocha / *con una cortina}

(42) a. El rápido ensordecimiento de Juan {con un martillo / con un tapón}

b. El duradero ensordecimiento de Juan {??con un martillo / con un tapón}

c. La sordera de Juan {*con un martillo / *con un tapón}

En (41a), el modificador ‘rápido’ fuerza una lectura eventiva dinámica, que es compatible tanto con instrumentos como con medios. En cambio, en (41b) se fuerza una lectura estativa (resultante), dada por el modificador temporal ‘prolongado’; en este caso, el medio es bastante más aceptable que el instrumento. Finalmente, el patrón de (41b) contrasta con el de la nominalización deadjetival (41c), que, al carecer de evento, denota únicamente un estado no resultante, incompatible tanto con medios como con instrumentos. Lo mismo cabe decir de los ejemplos de (42).

En suma, hemos proporcionado cuatro argumentos para sostener una diferencia configuracional entre la noción de estado y la de estado resultante. Al margen del valor conceptual de la segunda categoría, hemos planteado que esta se obtiene sintácticamente mediante la proyección del núcleo introductor del argumento eventivo, esto es, Proc, que fija el valor de estado resultante de la proyección predicativa que toma como complemento (SEstado). El primer argumento es la cancelabilidad del proceso previo, posible en el caso de los estados no resultantes denotados por las nominalizaciones deadjetivales, pero no en el caso de las deverbales. En segundo lugar, las nominalizaciones deverbales admiten, frente a las deadjetivales, modificación simultánea de estado (‘duradero’) y proceso (‘rápido’). En tercer lugar, los verbos que sirven de base a las nominalizaciones rechazan las lecturas epistémicas (típicas de estados puros) incluso bajo una lectura no dinámica, indicio de que aun en ella está presente la variable eventiva. Cuarto, las nominalizaciones deverbales estativas se distinguen por admitir medios, cuestión en la que contrastan tanto con las deverbales en lectura de evento dinámico, que admiten igualmente instrumentos, como de las deadjetivales, que rechazan instrumentos y medios. Asumiendo, con Bosque (1990), que los medios seleccionan eventos, esta distribución es predecible y reafirma el análisis al que apuntan los diagnósticos restantes. Así, concluimos que la diferencia entre estado y estado resultante es estructural y no solo conceptual, idea que nos lleva a sostener que la representación configuracional del valor estativo en nominalizaciones de cambio de estado no puede obtenerse ‘recortando’ la estructura verbal original, que prediría un vínculo más laxo entre proceso y estado (como el que, de hecho, se cumple en casos como ‘moderación’ o ‘educación’).

CONCLUSIONES

Hemos propuesto que los valores aspectuales de las nominalizaciones deadjetivales y deverbales que comparten una base adjetiva se pueden deducir de las características estructurales, bien de la base, bien del proceso derivativo intermedio −esto es, de si entre A y N hay un V que complejice el valor aspectual del derivado−. Este examen nos lleva a adoptar la idea de una estrecha correlación entre contenido aspectual y categoría gramatical y, como corolario de ello, a fundamentar la inexistencia de solapamientos aspectuales entre los distintos derivados nominales. Esquemáticamente:

(43) a. [SN [SPred [SA]] cualidad ‘capacidad’

b. [SN [SEstado [SPred [SA]]]] estado/cualidad ‘oscuridad’

c. [SN [SProc<e> [SEstado[SPred [SA]]]]] proceso /est res ‘oscurecimiento’

d. [SN [SProc<e> [SPred [SA]]]] proceso ‘capacitación’

Nótese que los adjetivos PI con lectura excluyente dan lugar a una gama más reducida de entidades aspectuales, en particular, solo a los puntos extremos de la escala que va de cualidades a procesos; en tanto, los adjetivos con lectura alternante PI y PE pueden originar nominalizaciones de los cuatro tipos, dado que presentan una estructura más compleja al sobreponer el nudo SEst a SPred. Asimismo, las nominalizaciones de proceso construidas sobre adjetivos PI (43d) no exhiben valores de cualidad, ya que el nodo SPred posee una lexicalización más inmediata en el adjetivo mismo (v.g. capaz > capacidad), lo que no sucede con los estados resultantes, que necesitan SProc para conceptualizarse. Por último, frente a estos dos tipos, los adjetivos PE con lectura excluyente tienen una configuración distinta al proceder de verbos, lo que impide que desarrollen nominalizaciones, salvo los casos de ‘enfermedad’ o ‘desnudez’. En la siguiente tabla, sintetizamos estos resultados:

Tabla 2

Correlación entre categorías semánticas disponibles en la nominalización y tipo aspectual de la base adjetiva.

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En síntesis, vemos que la distribución de los valores aspectuales de las nominalizaciones deverbales y deadjetivales es en general predecible y se sigue de una correlación regular entre semántica y sintaxis, que se expresa de modo particularmente claro en el caso de aquellas nominalizaciones que comparten la base adjetiva, en las que, por muy próximos que sean los valores adoptados por las unidades léxicas, estas se distribuyen sin solapamientos y según pautas previsibles desde el proceso derivativo seguido. Hemos enmarcado nuestro análisis en una perspectiva sintactista de la formación de palabras, según la cual los contenidos que de modo regular se hereden o se ganen en un cambio de categoría corresponderán a rasgos presentes en núcleos sintácticos independientemente motivados. Es lo que hemos esperado mostrar al remitir la información aspectual de las nominalizaciones deadjetivales o deverbales a las proyecciones SPred, SEstado y SProceso, cuyo juego combinatorio, sea en las categorías de adjetivo, verbo o sustantivo, es el que sustenta las categorías semánticas de cualidad, estado, estado resultante y proceso.

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Nota

1 Una parte de esta investigación ha sido presentada en el XIII Encuentro de morfólogos (Universidad de Málaga, 2017) y en el Workshop Morfología y Sintaxis (Universidad de Girona, 2017). Agradecemos a los asistentes sus valiosos comentarios. También expresamos nuestro agradecimiento a Olga Fernández Soriano y a los revisores anónimos de la Revista Signos por sus acertados comentarios. Esta investigación se ha desarrollado dentro del proyecto Microparámetros en las interficies de la sintaxis con otros componentes del sistema lingüístico. Variación gramatical y variedades del español (FFI2017-87140-C4-4-P), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España, en el que participan los dos autores. La investigación también se ha beneficiado del proyecto Relaciones entre aspecto y modalidad en español: contrastes tipológicos y bases cognitivas (U-Inicia U-I-24/15, Universidad de Chile), del que es investigador responsable Matías Jaque.

Nota

2 Las nominalizaciones de evento también pueden ser sujeto de estos predicados: ‘El ensanchamiento de la calle por parte de los obreros {duró una semana / empezó hace dos días}’. Utilizamos esta prueba para diferenciar los estados de las cualidades, las cuales no admiten este tipo de predicación temporal.

Nota

3 Véase que esta oración puede ser correcta si ‘de anoche’ es un modificador de ‘gestos’. Como modificador temporal de ‘teatralidad’, la oración es agramatical.

Nota

4 En el trabajo de Fábregas y Marín (2012) se muestra que los sufijos nominalizadores de las lenguas romances y de las lenguas germánicas solo se combinan con las proyecciones del aspecto léxico, no con las proyecciones del aspecto externo. Esta idea aporta una clara evidencia para las formaciones que aquí estudiamos. En efecto, si la formación del participio incrementa la estructura aspectual del verbo y los adjetivos PE con lectura excluyente proceden de participios, los sufijos nominalizadores no pueden combinarse con una estructura que contiene nudos aspectuales externos más allá del aspecto léxico del verbo de origen y, en consecuencia, las nominalizaciones correspondientes quedan descartadas.

Nota

5 Para nuestra argumentación no es relevante la etiqueta de este nudo funcional, por lo que no nos detendremos a valorar cuál puede ser más válida desde un punto de vista teórico. Hemos optado por SEst al considerar esta capa como una proyección que, siguiendo el concepto de estado kimiano de Maienborn (2005), sitúa una propiedad en un tiempo.



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